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A ELLAS
Les han robado la angustia de no saber a qué hora regresan,
la liviandad del sueño, incertidumbres y desvelos interrumpiendo madrugadas.
Les han robado alegrías de todos los días, preocupaciones de siempre,
una taza en el desayuno y un plato en el almuerzo.
Les han robado la mejor sonrisa, sorpresas, guiños cómplices,
una caricia, un beso con abrazo, y abrigáte, que hace frío,
Les han robado un teléfono que suena en horarios prohibidos, rabietas, perdones,
una lágrima cuando las visite la muerte y una flor en sus futuras tumbas.
Les han robado un domingo de octubre, una foto de cumpleaños,
una de las líneas posibles para perpetuarse y aquello que estaba por venir.
Les han robado todo, podría decirse.
Pero, no. Conservan el amor intacto, recuerdos atesorados y un sufrimiento nuevo.
Con eso que les queda ellas andan por ahí, con su duelo a cuestas:
nombrando a cada uno, izando sus mismas banderas, clamando por todos.
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